APRENDER DE
LOS ERRORES
Por Saturnino de la Torre
La
"constructividad del error" podemos definirla como la toma de
conciencia y utilización de las contradicciones, absurdos y errores, con el
objeto de facilitar la comprensión de la realidad, mejorarla o resolver
problemas. Este concepto ha sido utilizado por Kuhn (1987) al aconsejar a sus
alumnos que primero descubrieran las aparentes contradicciones o absurdos de un
texto y luego se preguntaran como pudo haberlas escrito una persona
inteligente. El progreso a través de la superación de los errores ha sido
planteado asimismo por Casavola (1983), Giordan (1985), Moreno (1986), Gil
Perez (1987).
Esta
toma de conciencia entre lo esperado y lo obtenido alimenta una "tensión
diferencial" cognitiva, capaz de buscar alternativas y generar cambios. Es
algo así como la admiración y la interrogación. Mientras que la primera es la
respuesta emotiva a un deseo o resultado (¡eureka!), la interrogación crea
tensión intelectual, curiosidad, inquietud por conocer la respuesta a lo que se
esconde tras la pregunta.
…
Los
errores nos reflejan, entre otras cosas, las diferencias de estilo, al tiempo
que la adecuación de las estrategias a la solución de problemas.
Estilos
cognitivos como reflexividad-impulsividad, amplitud conceptual y de categorías,
articulación o globalidad, pueden justificarse sobre un mismo sustrato: el
valor significativo que para ellos tiene el error. Los sujetos con tendencia a
la reflexividad, a los conceptos estrechos sobre los amplios, a la multiplicidad
de categorías que diversifiquen los elementos, independientes de campo o
articuladores, rehúyen el error.
Los
impulsivos, dependientes, de amplitud categorial, aceptan más fácilmente caer
en ciertos errores, haciendo prevalecer la idea global. En los estilos
reflexivo-impulsivo se obtiene la puntuación atendiendo al tiempo medio para
solucionar la prueba y al numero de errores cometidos. "El conocimiento de
estas tendencias - escribe Satterly (1989, p. 2429)- alerta a los maestros y
otros profesionales sobre las posibles fuentes de error en el aprendizaje y
sobre la necesidad de alentar la reflexión cuando sea necesario para la tarea, aunque estê en contra del
enfoque preferido por el niño".
Perspectiva cognitiva del error.
El
error es hijo del cambio.
El
"error" no es una meta que haya de perseguirse, pero tampoco un
resultado que haya de condenarse sin antes examinar su proceso. Ha de
entenderse a la luz de los procesos cognitivos y el desarrollo del pensamiento
humano. Esto es, como un componente natural a cualquier proceso de cambio. Todo
desarrollo lleva consigo variantes, desviaciones, resultados no esperados. Lo
podemos ver en el árbol del desarrollo de las especies, en el tronco de los
homínidos, en la variedad de razas y en las diferencias individuales. Todos
desearíamos poseer el CI de Einstein, pero ello no es posible. ¿Error de la
naturaleza?
No,
sabiduría de la naturaleza en la que es posible el crecimiento y el cambio gracias
a la diversificación.
Sin
diversificación no hay crecimiento; o si se prefiere, todo crecimiento, todo
proceso de cambio, toda innovación, comporta diversificación y es susceptible
de error o desviación. La argumentación de esta idea estä claramente
desarrollada en la filosofía de Luhmann sobre la complejidad o crecimiento de
un sistema. La evolución es el triunfo de la diferencia. "Darwin emplea
diferencias en lugar de causas, lo que permite establecer un paralelismo entre
la teoría de evolución y la teoría de la información, en tanto está es siempre
un procesamiento de diferencias" (Izuzquiza, 1990, p. 183). Evolución o
cambio, complejidad y diferenciación son componentes íntimamente conectados en
su teoría de la sociedad. ¿Quê sería de una sociedad de clónicos, en la que
todos fueran exactamente iguales? Pensemos en los brotes leñosos que
desarrollan los árboles en su crecimiento junto a los brotes fructíferos. ¿Para
que sirven los brotes leñosos, si no dan fruto? A pesar de no dar fruto, ellos
facilitan el equilibrio, el crecimiento armónico del árbol, la transpiración.
El
pensamiento humano y el aprendizaje admiten diversificación, como ilustra E. de
Bono, y su desarrollo genera estadios de mayor contradicción,
como
investigó J. Piaget.
3.2.1.
Las formas de pensar E. de Bono (1988), bajo el sugerente titulo Seis sombreros
para pensar, presenta otros tantos escenarios que nos permiten aumentar el
pensamiento creativo, hacerlo más eficaz, mejorar la comunicación. Para ello se
vale de la estrategia de la diversificación del pensamiento. En el se alberga
no sólo la verdad o falsedad de un discurso, sino también las emociones, los
recelos, la intuición, ideas nuevas, control. Cuando tratamos de resolver un
problema, de convencer a alguien de nuestras ideas o de realizar un proyecto,
no ponemos en juego los mismos mecanismos cognitivos.
De
igual modo que jugamos diferentes roles según las personas o el contexto en que
nos encontremos (actuamos como padres, como hijos, hermanos, amigos o
compañeros, como jefes o subordinados, como profesores o alumnos, etc.,
dependiendo del papel que desempeñamos), así nuestro pensamiento actúa unas
veces como presentador de datos e informaciones y otras aventura
presentimientos o se exalta ante lo inesperado. Ni siquiera el científico es un
ser puramente racional. El pensamiento lógico es una de las vías, pero no la
única, aunque unas personas tenderán a utilizar más un tipo de pensamiento que
otro. "La costumbre occidental de la argumentación y la dialéctica es
defectuosa -dice De Bono (1988)- excluye lo creativo y lo generativo. El
pensamiento crítico vale para reaccionar ante lo que se pone enfrente, pero no
hace nada para producir propuestas" (p. 23).
Naturalmente
no se está refiriendo a la teoría crítica, sino al mero pensamiento. Los seis
sombreros vienen representados figurativamente por seis colores. Un juego
divertido consistiría en asignar un sombrero -en forma metafórica- a cada uno
de los participantes, de modo que, ante un determinado tema o problema, cada
cual desarrolle un pensamiento diferente o utilice un rol distinto:
1)
El sombrero blanco (ausencia de color) indica neutralidad y simboliza la
información objetiva, los hechos y los datos. Pretende ser racional, lógico,
prevaleciendo, en quien actúa con este modo de pensar, el criterio de verdad
sobre cualquier otro.
2)
El sombrero rojo sugiere furia, ira, ardor, empatía, emociones, preferencias,
juicios complejos, recogiendo la vertiente intuitiva y conjetural. Con el se
legitiman las emociones y sentimientos como parte importante del pensamiento.
Este tipo de pensamiento aflora frecuentemente en las reuniones en forma de
juicios o intuiciones no basadas en hechos concretos, pero con suficiente
fuerza como para ganar adhesiones entre los concurrentes.
3)
El sombrero negro recoge lo lógico-negativo, el juicio critico, el punto de vista
pesimista. Señala lo que estâ mal, lo incorrecto y erróneo, alertando contra lo
que no va a funcionar, contra los riesgos y peligros.
¿Ha
de desestimarse este tipo de pensamientos? No. "El pensamiento de sombrero
negro puede señalar los errores en el proceso de pensamiento y en el método
mismo" (p. 121). En las innovaciones correspondería a la "masa
crítica", reacia a implicarse sin antes aclarar ciertos interrogantes.
Contrasta las ideas expuestas, con la experiencia del pasado y su viabilidad en
el futuro.
4)
El sombrero amarillo representa lo especulativo y positivo, el optimismo, el
pensamiento constructivo y realista, siendo lo opuesto al negro. Abarca un
amplio espectro que va desde los procedimientos lógicos y prácticos a los
sueños, visiones y esperanzas. Ofrece respuestas concretas y sugerencias para
llevar a la práctica una propuesta. La eficacia es el principal criterio que
guía al pensamiento constructivo del sombrero amarillo.
5)
El sombrero verde (símbolo de la fertilidad y crecimiento) se identifica con el
pensamiento creativo, que aporta nuevas ideas, conceptos, percepciones; va más
allá de las alternativas sugeridas por otros, más allá de lo conocido, lo obvio
y satisfactorio. Es el pensamiento lateral, no lógico, del humor. Las ideas no
son puntos de llegada, sino estaciones de paso. Utiliza la lógica del absurdo,
sobrepasa el significado del "si" y del "no" y provoca al
azar. La provocación es un elemento importante del pensamiento del sombrero
verde y la simboliza mediante la palabra PO (Provocative Operation), rompiendo
con ella toda lógica basada en la afirmación a negación. PO significa
provocación, posibilidad, “quizaísmo”, ideas locas. De este modo ayuda a
generar nuevos conceptos y percepciones. “En la enseñanza PO se aprende más,
cuanto menos se enseña". Sustituye al "si" y al "no".
6)
El sombrero azul significa el control de los demás sombreros a formas de
pensar. Parte de planes bien desarrollados, de procedimientos adecuadamente
secuenciados, de la definición del problema. Formula preguntas adecuadas,
avanza paso a paso y saca conclusiones. Es complementario del blanco en el
sentido de equilibrar la lógica de los datos con la lógica de los procesos. En
las reuniones corresponde a las personas que definen el problema, focalizan la
discusión, establecen procedimientos, formulan preguntas guía y realizan
síntesis de las ideas y propuestas realizadas. Son coordinadores natos. El
pensamiento de sombrero azul asegura que se respeten las reglas del juego.
3.2.2.
Varias formas de estar equivocado.
Me
he referido a estas formas de pensar para mostrar cómo no todo es racionalidad
y justeza lógica en los procesos cognitivos. También el tanteo, el impulso, la
intuición, la equivocación forman parte del pensamiento. En nuestra mente
existen mecanismos de tipo afectivo, tensional e imaginativo. Incluso el error
esta infiltrado en algunas formas de pensar. Como afirma E. de Bono (1973) en
otra de sus obras, “La práctica de pensar”, algunos errores son un aspecto
natural del proceso racional. "Estos errores no pueden evitarse, porque
surgen directamente del funcionamiento mental. Uno no puede efectuar una
actividad pensante adecuada sin estos errores, del mismo modo que no existe un
motor de gasolina que carbure sin lanzar ciertos gases residuales." El
autor se refiere a cinco formas de estar equivocado: error por
"monocarril", de magnitud, por desajuste, por arrogancia, por
omisión. Son errores cotidianos.
El
error por monocarril consiste en
pasar directamente de una idea a la siguiente, ignorando elementos o
diferencias importantes entre las situaciones. Este tipo de errores se da
frecuentemente en la enseñanza cuando aplicamos en nuestra aula, por ejemplo,
una metodología que ha funcionado en otro contexto. Se trata de una inadecuada
transferencia de ideas. Los niños pequeños cometen con suma facilidad este tipo
de errores al aplicar a otras situaciones lo que han visto hacer a los mayores,
pasando directamente de una idea a otra. Los caramelos son de color, por eso
las píldoras de color deben saber dulces, piensa el niño. La mamâ mete la ropa
sucia en la lavadora, por eso el niño introduce al gato en la lavadora cuando
estä sucio. Este tipo de errores indica simpleza mental y resulta costoso
eliminarlos porque su secuencia parece lógicamente correcta. Han de tenerse en
cuenta todos los elementos y no sólo algunos. Los niños ven que sus padres
sacan dinero del banco cuando lo precisan, por ello piensan que el banco es un
lugar de donde se puede sacar dinero siempre que se lo necesite. Cometen un
error de monocarril al pasar por alto que para sacarlo es preciso haberlo
metido antes.
El error de magnitud consiste en asociar
una idea a otra en una forma aparentemente válida respecto al nombre que le
damos, sin tener en consideración la diferencia de magnitud o proporción. Un
imán atrae objetos imantados o metálicos, pero si éstos son grandes o están
lejos no se produce el efecto de atracción. No sólo el pensamiento infantil
esta lleno de este tipo de errores, sino que también tiene lugar entre los
adultos. Los eliminamos poniendo nombres a las cosas. Un charco, una balsa, un
embalse, un lago, un mar, difieren por sus magnitudes más que por la naturaleza
de su contenido. Sin embargo no tenemos palabras para expresar las diferencias
de blancura en la nieve (como ocurre entre los esquimales) ni en la intensidad
de la luz, aunque si en los sonidos y la voz. Los errores de magnitud se
cometen por inexperiencia, cuando aun no se domina el sentido de proporción.
Ocurre con la distribución del tiempo en los profesores noveles o con la
cantidad de material que se precisa para realizar un trabajo. Frases como:
"el amor todo lo vence", "con una buena dieta perderás
peso", "aumentando el número de policías se consigue dominar la
delincuencia", inducen a error en cuanto no precisan las condiciones que
han de acompañarlas, la cantidad, duración, intensidad, dificultad a vencer,
etc. ¿Cómo enseñamos al niño a dominar este tipo de error? Mediante la
utilización de la medida. Es muy distinto: "Tómese la pastilla con
agua", que "Tómese el medicamento con una cucharadita de agua".
Sin medida resultaría difícil sacar resultados de las recetas culinarias. Pero,
¿cómo medir la magnitud del dolor, la felicidad, el aburrimiento en las aulas,
la belleza, la justicia social, etc.? Aplicamos el término ladrón tanto a quien
roba una pequeña cantidad como al que roba grandes cantidades. Y, ¿qué decir de
la justicia e injusticia? Los adjetivos vienen en nuestra ayuda aunque no
llegan a resolver el problema de los errores de magnitud. Los errores de
magnitud están presentes en nuestro lenguaje habitual dando origen a
confusiones. ¿Qué significa en boca de una mujer: -"Espera un momento",
cuando se está arreglando?
El
error por desajuste consiste en
confundir objetos, situaciones o personas por no advertir todos los elementos
que lo definen. ¿Quién no ha confundido alguna vez a una persona por otra al
verla de espaldas u oír su voz? ¿Reconocemos nuestro error con un
¡-"Disculpe, me he equivocado”!? La distracción es la fuente principal de
este tipo de errores en los alumnos. Un simple dato que les pasa inadvertido en
un problema de matemática les conduce a resultados erróneos. Muchas respuestas
incorrectas o incompletas tienen su origen en ese desajuste entre lo que el
problema pregunta o se pide y lo que el alumno ha captado, en una lectura poco
reflexiva. Para responder a este tipo de situaciones tenemos la expresión:
"Es que yo creía que..." La suposición es la principal aliada de este
tipo de errores. "A nivel práctico este tipo de error tiene lugar cuando
una idea no se ajusta a la información concreta disponible" -dice De Bono
(p. 101). La concepción newtoniana del universo presenta un error de desajuste
entre su teoría y la realidad, estando más ajustada a ésta la teoría de
Einstein. Cometemos errores por desajuste cuando sacamos conclusiones
precipitadas de ciertos datos. La arrogancia induce a error de debe-ser por la
fijeza de las ideas, el modo en que éstas son defendidas e impuestas a los
demás. Es un error de actitud más que de contenido, proyectándose hacia el
futuro más que hacia el presente y el pasado. Encaja perfectamente con esta
modalidad de error aquel dicho: "no hay error más peligroso que el de
quienes se consideran en posesión de la única verdad". Este error emana de
la forma en que la mente humana elabora la información valiéndose de la
disyuntiva si-no. Es el error del
exclusivismo. El error por omisión
se debe a una elección parcial, al considerar solamente cierta parte de un todo
y cerrar la opinión, sin embargo, sobre la totalidad. La omisión puede ser
consciente o inconsciente. Allí donde quiera que se formulen juicios -ya se
trate de enseñanza o investigación- existe el riesgo de sacar conclusiones sin
atender a la totalidad de la información presente. Tanto en los medios de
comunicación de masas como en la política, publicidad y donde predominen los
planteamientos ideológicos o comerciales, resultar fácil encontrar ejemplos de
error por omisión. Muestran la cara de los hechos que más les conviene. Un
mismo discurso o acontecimiento es utilizado en forma muy diferente por los
políticos, la TV y la prensa a tenor de su ideología. ¿Por qué? Cada cual omite
o excluye aquello que no le conviene y realza lo que más le interesa. E. de
Bono es contundente al respecto: "Todo tipo de propaganda política o
ideológica se basa siempre en el error por omisión. Habitualmente es tan
selectiva que podríamos denominarla justicieramente un caso de 'exclusión' y no
de 'omisión". Bajo esta sospecha hasta cierto punto amoral, resulta
comprometido trasladar a la educación el concepto de política, como forma de
mantener el poder y dirigir a la sociedad hacia los ideales del partido. El
error por omisión de información por parte de la publicidad raya con el engaño
y la manipulación. En cualquier anuncio que examinemos, ya sea en la prensa
escrita o icónica, encontramos una visión parcial o restrictiva de lo que
anuncian. J. B. Bavelas, A. Black, N. Chovil, I. Mullet (1990), argumentando
desde la equivocación en la comunicación (equivocal communication), mantienen
que la estrategia de la confusión y la vague dad pueden ser validas en política
al conseguir mayor persuasión y adhesión, (propósito principal de muchas
intervenciones), que la claridad y definición de las metas. También Eisenberg
cuestiona la claridad como norma general para todas las situaciones. Pueden
existir situaciones en las que sean válidas ciertas confusiones. Pensemos, por
ejemplo, en el humor que es posible gracias a las situaciones equivocas. Los
chistes se basan en la ambigüedad o ambivalencia de palabras e ideas. No
siempre la claridad es norma.
Alcance del error en el aprendizaje
escolar
El
concepto de error no es univoco, como pudiera parecer a primera vista, sino que
ante el se han adoptado diversos enfoques y se han planteado alternativas
conceptuales. Entre los enfoques, se ha venido considerando el error como fallo
punible o defecto a evitar, como signo de progreso y como proceso interactivo.
Por lo que respecta a los conceptos o acepciones puede tomarse en el sentido
de: falta de verdad, de incorrección o equivocación, de desajuste conceptual a
de ejecución en las tareas, como sensor de problemas. Esto nos lleva a
adentrarnos, dentro de una perspectiva psicopedagógica, en el conflicto
sociocognitivo y el desequilibrio óptimo como situaciones pertinentes para
alcanzar con éxito el aprendizaje formativo.
3.3.1.
Tres enfoques sobre el error.
a) El
error como fallo punible y efecto que es preciso evitar. Uno de los enfoques más difundido y
generalizado sobre el error a lo largo de la historia del hombre es la
consideración del error como un efecto o resultado negativo, incluso punible.
Ha sido considerado por las diferentes sociedades como indicador de fracaso y
obstáculo al progreso. Desde que las primitivas culturas de Oriente crean la
escuela para asegurar la transmisión de los valores hasta nuestros días, la
sanción del error ha sido una constante estrechamente ligada a la instrucción.
De igual modo que el código penal es inseparable de un código civil, sin el
cual este carece de valor, la sanción del error en el aprendizaje ha acompañado
a la instrucción escolar a lo largo de su prolongada y ancha historia. Esto es,
la sanción por las equivocaciones en el aprendizaje era como un instrumento de
poder y una estrategia de la instrucción, al modo como las sanciones penales
garantizaban el orden público y el poder establecido. El error en el
aprendizaje ha sido perseguido sistemáticamente en las culturas sumeria,
oriental, egipcia, latina, llegando incluso hasta nuestros días a pesar de las
repetidas voces de supresión. Resulta llamativo que ya en la primera escuela de
que tenemos referencia documental, en Summer, entre 3000 y 2000 años antes de
Cristo, junto al Ummia o padre de la escuela, al "gran hermano" o
profesor auxiliar y a otros especialistas de sumerio y de dibujo, se haga
mención expresa del encargado del látigo, sin duda responsable de la disciplina
escolar. No se trataba, como fácilmente podemos imaginar, de una figura
decorativa, sino que debería estar bastante ocupado en su función punitiva por
cuanto los retrasos en la llegada, la mala caligrafía, el olvido de las
reverencias debidas e inadecuada recitación de las tablillas, amen de otro tipo
de indisciplinas, conducían inexorablemente al "encargado del latigo".
S. N. Kramer (1985) nos describe como actúa "el primer ejemplo de
pelotilla" de la historia escolar, precisamente para escapar a esas manías
que, piensa el alumno, le toma algún profesor. Veamos una breve descripción:
"Pero, a pesar de la reverencia, no parece que este día haya sido propicio
al desdichado alumno. Tuvo que aguantar el látigo varias veces, siendo
castigado por haberse levantado en clase, castigado por otro por haber charlado
o por haber salido indebidamente por la puerta grande. Peor todavía, puesto que
el profesor le dijo: -Tu escritura no es satisfactoria-; después de lo cual
tuvo que sufrir nuevo castigo. Aquello fue demasiado para el muchacho. En
consecuencia, insinuó a su padre que tal vez fuera buena idea invitar al
maestro a la casa y suavizarlo con algunos regalos..." (p. 460).
No
es éste el único caso de "sanción por error" en el aprendizaje
escolar, sino que el gran poeta latino Horacio sufrió en sus carnes aquel dicho
que ha llegado hasta nosotros: "La letra con sangre entra". Su
maestro, Pompilius Orbilius, tenía a gala sancionar tan duramente a los alumnos
que no sabían la lección, que la historia de la educación hace mención del
orbilianismo como prototipo de castigo despiadado en la instrucción. Pero no
precisamos retroceder muchos años para reconocer sobre la mesa de cualquier
maestro de escuela el libro o enciclopedia, el timbre y una "palmeta"
que no era precisamente para enseñar el sistema decimal. Algunos maestros
preferían sustituirla por un palo a su medida. Se utilizaba tanto para casos de
indisciplina como por no saber la lección. Pero si la estrategia más
generalizada en la historia de la instrucción ha sido la sanción o castigo, en
sus formas más variadas, por no adquirir el aprendizaje esperado, los pedagogos
han defendido durante mucho tiempo la supresión del castigo. El propio
Quintiliano se oponía a los castigos corporales, los cuales, pensaba,
provocaban sólo temor y una actitud sumisa.
El
buen maestro debe emplear un sistema de recompensas positivas. Los castigos
Corporales significan un fracaso por parte de los maestros. También Comenio, en
su Didáctica Magna de 1632, rechaza el castigo Como método de instrucción
prefiriendo la estimulación de los sentidos y de la voluntad. Percibir, pensar, y asimilar Son los tres
pasos del proceso de aprendizaje. Y se adelantaba a muchas teorías modernas
al escribir: "Proceden de mala manera con los niños a quienes obligan a
los estudios contra su voluntad". Por el contrario hay que encender en
ellos el deseo de saber y aprender.
Un
ideal mantenido por todos los pedagogos posteriores, desde Herbart a Dewey,
pero que posiblemente choque con una visión muy distinta vivida por los
profesores de nuestras escuelas. ¿Cómo motivar a ciertos alumnos sin recurrir a
la sanción o al estimulo? ¿Cómo cambiar la actitud de los alumnos díscolos?
¿Cómo conseguir interesar en el aprendizaje de nociones culturales y conceptos
académicos a quienes se sienten más atraídos por los valores hedonistas, de
supresión del esfuerzo, de exaltación de los derechos sobre los deberes, de
igualdad con los adultos, de... que tan abiertamente se promueven fuera de la
escuela? La Pedagogía actual aun no ha dado respuesta satisfactoria a estos
problemas.
El
error como efecto para evitar, ha
sido especialmente apoyado por la psicología conductivista, por considerarlo un
obstáculo al progreso. Como subproducto negativo del aprendizaje es preciso
reducir al máximo su aparición. La psicología conductivista skinneriana sugiere
diversos mecanismos de evitarlo. Tales son la descomposición de la tarea en
pequeños pasos, la secuenciación según dificultad, respetar el ritmo personal
del alumno, facilitar información complementaria o la comunicación inmediata
del resultado. Todo ello se encamina hacia la consecuencia exitosa de objetivos
de aprendizaje.
Otro tipo de estrategia de aprendizaje
que presupone una concepción negativa del error es la ejercitación o drills. Se considera que a fuerza de hacer
muchos ejercicios sobre un determinado tema de matemáticas, lengua, idioma o
cualquier otra materia escolar el alumno adquiere el aprendizaje deseado,
reduciéndose con ello el número de respuestas incorrectas en los controles o
exámenes.
Considerando
insuficientes las actividades realizadas en la escuela, se proponen verdaderas
montañas de ejercicios o "deberes" para realizar en casa. Esta tan
generalizada esta forma de proceder que difícilmente escapan a ella los
profesores. Los libros de texto también están preparados con abundantes
ejercicios para el aprendizaje mediante la "ejercitación". ¿Nos hemos
parado a pensar para qué sirve realizar tantos cientos de ejercicios? ¿Se
conseguiría lo mismo reduciendo estos o variando de enfoque? Muchas veces se
hace depender el éxito de la cantidad, más que de la calidad, de las tareas
realizadas.
La
filosofía que sirve de base a la psicología conductivista del aprendizaje se
inspira en los mecanismos de estimulo-respuesta-refuerzo, con la idea de evitar
los hábitos negativos o errores y afianzar los positivos. Así, cualquier
respuesta del alumno (a un estimulo o pregunta del profesor) debiera ir seguida
de un refuerzo positivo o de recompensa si fuera correcta, y negativo o de
corrección si su respuesta resulta inadecuada o incorrecta. La respuesta
adecuada o errónea se convierte en el criterio principal que ha de guiar la
acción docente. Expresiones como: "muy bien", "correcto",
"así se hace", etc., sirven de refuerzo positivo; mientras que:
"mal", "no está bien", "así no se hace", se
consideran refuerzo negativo.
Las sanciones de otros tiempos ante los
errores en el aprendizaje se han suavizado al facilitar la consecuencia de
resultados y sustituir la sanción por refuerzos más apropiados a las
características de los sujetos. A pesar de las duras críticas que cabe hacer al
conductivismo como concepción, representó un considerable avance en el
tratamiento del error, al partir de las características diferenciales de los
sujetos y eliminar las duras sanciones al error.
b)
El error como signo de progreso. A
la tesis conductista de que el error es malo por naturaleza, se enfrentó una
concepción antagónica que vela el error como síntoma de progreso. -"Sin
error no es posible el progreso"-, dirán. Contribuyeron a su afianzamiento
las ideas de Chomsky, para quien el lenguaje es recreado por el niño a partir
de las estructuras universales innatas. y con el dominio de este código
simbólico se accede progresivamente a otros conocimientos; no como algo dado o
adquirido mecánicamente mediante estímulos, respuestas y refuerzos, sino
mentalmente construido por ensayo y error.
Este
nuevo paradigma sustituye el concepto de aprendizaje como formación de hábitos
por la formulación de hipótesis sobre cuanto nos rodea. El sujeto realiza
suposiciones que trata luego de comprobar, rechazándolas o aceptándolas como
validas. Así es como el error se convierte en signo de progreso y avance en el
desarrollo del conocimiento. Y lo que resulta valido para explicar el avance
científico, también lo es para el progreso personal.
En
este sentido J. M. Ferran (1990, p. 291) afirma: "Las bases teóricas de esta nueva actitud se fundamentan en que
los procesos de aprendizaje no son procesos de formación de hábitos, sino de
formulación de hipótesis sobre cómo funciona la lengua y posterior comprobación
de esas hipótesis en usos comunicativos". El modelo conductista
estimulo-respuesta-refuerzo es sustituido por el mentalista,
hipótesis-comprobación-aceptación o reformulación.
Nos
aproximamos así al concepto de enseñanza como indagación o aprendizaje por
descubrimiento. El sujeto parte de suposiciones, conjeturas o simplemente de
preguntas sobre un determinado contenido. Elabora una propuesta de comprobación
u organiza la información disponible en torno a tales preguntas. El resultado
puede ser el esperado o no serlo. Cuando ocurre esto ùltimo se reformulan
nuevas hipótesis y tanteos. Esto es, sigue una metodología heurística en la que
el error forma parte del proceso y no tiene la consideración de sanción, sino
que es utilizado por el sujeto como indicador de un camino equivocado, sin
generar culpa. Si el aprendizaje animal y los aprendizajes inferiores o
mecánicos pueden ser explicados más o menos satisfactoriamente mediante el
modelo conductista, no así los procesos superiores en los que la actividad
mental introduce una diferencia cualitativa.
La
mente humana no es un recipiente que haya que llenar, sino un sistema dotado de
dinamismo propio que le permite reconstruirse gracias a las estructuras básicas
que posee. Lo vimos anteriormente al hablar de la contradicción en la
psicogénesis según Piaget. Si observamos el lenguaje de un niño de 3-4 años
encontraremos términos nuevos que nunca ha oído, como "fritido",
"morido" o "polero". ¿De dónde los ha sacado? ¿Qué estímulo
o refuerzo pueden explicar su aparición? No todos los errores en el aprendizaje
escolar se explican por interferencias. Unos son fruto de falta de comprensión,
otros de atención, de ejecución o razonamiento lógico.
En los casos de errores debidos a la
falta de desarrollo o madurez mental es conveniente esperar a que el alumno
se percate de sus errores, ya que sirve de muy poco corregirle cuando este no
puede comprender en que consiste su fallo. "El error ha de asociarse al
desarrollo". La principal aportación de este enfoque estâ en atribuir al
error una consideración positiva de la que anteriormente carecía. A ella ha de
añadirse, sin embargo, su relación con el grado de desarrollo del sujeto.
El error como signo de progreso ha de interpretarse a la luz de la
madurez de la persona. Un error sin importancia a los 6 años, puede tenerla a
los 8 años. De todo esto concluimos con firmeza que "carece de sentido
utilizar el error con sentido punitivo". Quien se equivoca en el proceso
de aprendizaje no merece castigo, sino explicación y aclaración. Cuando un
profesor castiga a un alumno sin excursión porque ha hecho mal algunas tareas
está, él mismo cometiendo un grave
error. El comportamiento del profesor
ante el error debiera ser, pues: localizar, identificar y rectificar o corregir
el error.
El
error nos brinda un excelente instrumento diagnostico del desarrollo mental del
sujeto, de su nivel de ejecución, de destrezas, de atención, de estilo
cognitivo, etcétera.
c)
El error como proceso interactivo.
Un tercer enfoque del error es el que considera a este como resultado de la
interacción sociocognitiva. Esto es, el error lleva implícita una pauta social
al tiempo que un proceso cognitivo. El error no sólo procede del desarrollo
mental del sujeto, sino de la complejidad del problema o de la norma
establecida. Si no tuviéramos pautas o metas no existiría desajuste a las
mismas. En tal sentido, el error o falta tiene un componente social y cultural
que lo hace distinto en cada sociedad. Conductas que en nuestra cultura son
reprochables (como eructar después de comer), otras lo valoran como gesto de
cortesía. Mientras que en las culturas de contacto, como las mediterráneas e
iberoamericanas, la proximidad entre quienes hablan es natural, en las culturas
distales (anglosajonas) es un grave error acercarse excesivamente al
interlocutor, si no es para intimar. Si mirar con complacencia a una mujer
puede resultar halagador en nuestra cultura, tendría consecuencias desastrosas
hacerlo a una mujer árabe ante su marido.
Pues
bien, lo que decimos de las conductas es aplicable a la mayor o menor
relevancia del error. En tanto que en países como el nuestro sigue dándose
importancia a los conocimientos geográficos del mundo, en Estados Unidos carece
de importancia que un alumno de secundaria desconozca la existencia de relieves
geográficos o importantes países europeos. Un ejemplo más próximo a nosotros,
lo tenemos en la desigual importancia otorgada a las faltas de ortografía.
Muchos recordaran que con más de tres faltas de ortografía quedaba uno excluido,
a los diez años, para ingresar en el antiguo bachillerato. Hoy encontraremos
muchas más entre los alumnos de selectividad y pasan a la Universidad sin mayor
dificultad. Mientras que unos profesores bajan la calificación de un examen por
faltas de ortografía, otros simplemente advierten de ellas. Estamos, pues, ante
una desigual consideración de este tipo de errores.
La
importancia de un error viene dada por una regla, pero también por la
consideración social que esta tiene: "el estudiante se empeña más en
aquello que más se valora". Permítaseme un ejemplo más en esta línea, para
mostrar como la influencia sociocultural disminuye la gravedad de un error.
Siempre ha sido considerada como una de las faltas ortográficas más graves en
castellano escribir "aver" [haber] sin "h" y con
"v". Pues bien, dada la confusión creada con su equivalente en
catalán "haver" entre quienes se inician en una u otra lengua, ello
ha dado pie a que los profesores tengan mayor comprensión con aquellos errores
fruto de interferencias lingüísticas. Si importantes son las competencias
cognitivas para evitar el error, no lo son menos la propia estructura del
contenido y la relevancia social de la norma.
El
aprendizaje no es solamente el resultado de la confrontación cognitiva entre el
sujeto y el objeto, sino de la interacción de ambos con la acción docente quien
selecciona, remarca y determina lo que es relevante durante el periodo de
formación básica. Algo así como ver un espectáculo a gran distancia y verlo a
través de la TV. Esta nos acerca más al objeto, atrae nuestra atención sobre
determinados detalles dejando de lado otros, nos presenta un primer piano de
cuanto sucede, pero también tiene el peligro de manipular la información.
Quiero
con esta analogía sugerir que toda acotación de cultura realizada a través de
la institución educativa, el desarrollo curricular y su implementación por
parte del profesor en el aula, contribuye a delimitar la relevancia del error
en el aprendizaje. En tanto que en unos colegios cuidan la presentación, otros
no; mientras que algunos profesores de Sociales tienen en cuenta la claridad de
ideas, otros sancionan los olvidos; si unos profesores de matemáticas miran el
resultado sin atender al proceso, otros valoran el proceso, dando al resultado
una importancia relativa o facilitan incluso el resultado para que se atienda
al proceso. ¿Por qué los mismos alumnos obtienen altas calificaciones en
lenguaje con unos profesores y bajas con otros? Tal vez ocurra que mientras
unos valoran más la originalidad y expresividad literaria en la composición
escrita, otros miran con mayor detalle las faltas de ortografía. Creo
sinceramente que la conceptuación del error ha de hacerse atendiendo no sólo al
alumno, sino al proyecto educativo, al currículo y al profesor. Porque el
error, no está tanto en el yerro físico, cuanto en la conciencia y relevancia a
él atribuido.
Conceptos o acepciones de error en el
aprendizaje
Los
tres enfoques que acabo de comentar nos proporcionan un marco epistemológico
del error: negativo, positivo e interactivo. Son puntos de partida para la
construcción teórica. Atendiendo a la variada literatura sobre el error podemos
atribuirle significaciones o acepciones como: falta de verdad, incorrecciones,
equivocación, sensor de problemas, sin pretender con ello agotar su amplio
abanico conceptual. Ellas recogen, sin embargo, los conceptos que habitualmente
transmitimos mediante el término error.
a) El error coma falta de verdad. Desde un
punto de vista filosófico y lógico, el error esta en afirmar algo diverso de lo
que es y en este sentido, como dice S. de Giancinto (1990), el error es lo
contrario de la verdad. El error está en el juicio, al afirmar algo
incongruente con la verdad o en contradicción con ella. Es la acepción que
encontramos con más frecuencia en los diccionarios, esto es, un juicio falso y
un estado subjetivo de la mente que consiste en la ilusión de la verdad. Los
conceptos, los datos de los sentidos o de la memoria son erróneos en cuanto son
elementos con los que elaboramos juicios falsos. La mayor o menor aproximación
a la verdad nos permitirá hablar de mayor o menor grado de error.
El
error se diferencia de la ignorancia en que esta implica el desconocimiento
total de la cosa de que se trata, en tanto que el error lógico, del que aquí
hablamos, suele tener su origen en un desconocimiento parcial. El error
reconoce causas de índole psicológica como las pasiones, sentimientos,
intereses, precipitación al juzgar, mala percepción, etc.; pero también de
orden lógico como falacias, argumentos capciosos, sofismas o razones aparentes.
Estar en un error significaría tener un concepto falso o equivocado acerca de
una cosa.
La
limitación de este concepto estriba en la dificultad para determinar que es
verdad y que no lo es. Si en Ciencias Naturales puede llegarse a un fácil
consenso respecto a lo que se entiende por un conocimiento verdadero o falso, no podemos decir lo mismo en las
Ciencias Sociales y de la Educación. ¿Quién puede afirmar que esta en posesión
de la verdad? En cuestiones educativas
abundan las interpretaciones más que los juicios de valor universal o
generalizado. En Historia podemos afirmar que unos hechos han precedido a
otros. En el momento que nos pronunciamos sobre su importancia o consecuencias,
estamos emitiendo juicios más o menos razonables pero no verdaderos o falsos en
sentido absoluto.
b) Error como incorrección por falta de
conocimiento o claridad del mismo. Si en la anterior acepción nos
referíamos a la verdad como "contraseña" lógica o lógico-científica,
la corrección o incorrección de una respuesta es contrastada por la convención
sociocultural. No se trata de una verdad al estilo de 2 + 3 = 5, ni el todo es
mayor que la parte, sino que procede de la falta de claridad o desconocimiento
de ciertas reglas o pautas culturalmente establecidas. Es el tipo de error que
habitualmente juzga el profesor en los exámenes, estando estrechamente ligado a
las significaciones dadas por el mismo o los libros de texto a los términos, conceptos,
procedimientos, etc. Podríamos hablar de verdades culturales o
convencionalmente
aceptadas.
El origen de este tipo de error puede
provenir de la confusión, equivocación o ignorancia de la información que se le
pide. La confusión es el error que se comete al tomar una cosa por otra. El alumno puede saber perfectamente
sumar y restar pero confundir sus signos; conocer como se escribe una palabra,
hecho o concepto pero confundirlos por otros con los que el sujeto establece
cierto tipo de relación. Así puede confundir palabras inglesas como work, word
y world debido a su semejanza morfológica; las obras de Calderon y Lope de
Vega, porque ambos son de la misma época; los lugares por los que pasa el Tajo
y el Duero, porque los dos siguen cuencas paralelas. Nadie mejor que el profesor
para saber la frecuencia con que se produce este tipo de errores. Suele ser
problema de interferencia que el profesor debiera ayudar a evitar en sus
explicaciones con algún tipo de identificación diferenciada.
La
ignorancia es el desconocimiento total o parcial de la información que se
solicita. Puede tratarse de hechos, conceptos, principios, procedimientos así
como aplicaciones de reglas. La ignorancia puede dar lugar a error cuando el
sujeto se arriesga a contestar sobre cuestiones que
desconoce,
realizando afirmaciones equivocadas o improcedentes.
Hablamos de ignorancia crasa o supina
cuando existe negligencia en aprender lo que el sujeto puede y debería saber. Resulta más frecuente de lo
deseable encontrar errores debidos a ignorancia, ya que el aprendizaje escolar
implica cierto esfuerzo que no siempre están dispuestos a realizar
los
alumnos. Crear hábitos de esfuerzo eliminarâ muchos errores debidos a la
ignorancia. Un niño de s años contestaba a su maestra cuando le pedía que
realizara una sencilla tarea escolar: "Hazlo tu. Yo no quiero. Tu lo haces
mejor, ¿sabes? Yo me canso y no quiero, no quiero y no quiero." La ignorancia
no solamente afecta al nivel de conocimiento, sino que implica a la actitud
para adquirirlo. Pocos elogios ha recibido la ignorancia en los dichos
populares. Shakespeare escribió: "No existen otras tinieblas fuera de la
ignorancia" y Johnson, critico y literato ingles: "El que voluntariamente persiste en la ignorancia es reo de todos
los delitos producidos por la ignorancia".
c) El error como equivocación (mistake),
por el contrario, no se refiere tanto al plano lógico ni a la falta de
conocimiento, cuanto al proceso de ejecución. "Entendemos por
equivocaciones -escribe J. M. Ferran (1990, p.
286)
refiriéndose a los errores en la enseñanza del lenguaje-, las incorrecciones
provocadas por razones no atribuibles a la falta de conocimientos, sino al
cansancio, dejación, falta de atención, etc.!' Si nos atenemos a la diferencia chomskyana
entre competencia (ability) y ejecución (performance) el error, entendido en
sentido estricto, es la correspondencia a una deficiencia en la competencia,
mientras que la equivocación nos remite a la ejecución de las tareas. Ciertos errores
cometidos por alumnos en exámenes y controles no se deben tanto a la ignorancia
cuanto al nerviosismo, falta de tiempo, dificultad de concentrarse, deseo de
terminar, etc. Ello quiere decir que buena parte de las descalificaciones y
"suspensos" no obedecen a incorrecciones basadas en la falta de
conocimiento, sino que se apoyan en equivocaciones de ejecución. Este hecho
debiera hacer reflexionar al profesor sobre las metas
de
la enseñanza.
d) El error como desajuste conceptual o moral
respecto de determinada norma. En esta acepción se pone el énfasis en la
inadecuación entre lo esperado y lo obtenido, prescindiendo de su causa. Si en
las acepciones anteriores nos referíamos al error como desvío respecto de la verdad,
de la significación, de la ejecución, en esta se hace hincapié en el desajuste
respecto de la norma moral o social establecida. M. Laeng define el error en el
"Vocabulario de Pedagogía" como: alejamiento, desviación de la norma,
sea en sentido meramente teórico, sea en sentido moral. En la psicología educativa –dice- se llama error al comportamiento inadaptativo,
que no consigue el resultado esperado y, por tanto, se elimina gradualmente en
el proceso de aprender.
Aunque
des de consideraciones éticas y morales es patente una caracterización negativa
del error, desde la perspectiva conceptual no deja de sugerirnos un nuevo
camino, un cambio o crisis constructiva. AI menos desaparece el carácter
punitivo y sancionador que hemos visto en acepciones anteriores. Al fin y al
cabo, una crisis representa cierto desajuste a nivel psicológico o político, y
no comporta necesariamente un efecto negativo; antes, al contrario, muchas
veces es el origen de mejoras en el crecimiento mental o en las directrices de
gobierno.
Trasladando
este concepto al contexto escolar, el error representa un desajuste entre la
norma establecida por el profesor como válida o correcta y la respuesta dada
por el alumno. Por parte del alumno ha de existir una acomodación cognoscitiva
semejante a la utilizada en casa cuando los padres le dicen lo que está bien o
lo que no. El niño va aprendiendo la norma moral y el comportamiento social
gracias a las correcciones del entorno adulto. En la escuela aprende la cultura
socialmente organizada, bajo las pautas del profesor. El error del alumno debiera hacer reflexionar al profesor sobre el
origen del mismo, contribuyendo con ello a mejorar el proceso de aprendizaje. ¿Cómo
tenerlo en cuenta para favorecer los aprendizajes? ¿Se puede evitar, eliminar,
rectificar, desplazar? ¿En qué momento y forma? ¿Se podría, incluso, recurrir
al error como estrategia didáctica?
e) El error como sensor de problemas. Que
la equivocación y el error llevan consigo profundas connotaciones de rechazo y
ocultación es algo natural y evidente. Pero también lo es que podemos sacar
partido de esas situaciones y reconvertirlas en mejora del conocimiento, de
igual modo que
se
reciclan los desechos para ser reutilizados provechosamente.
El
error, como respuesta incorrecta o producto final de un proceso resulta
negativo, aunque cambia su sentido si lo reutilizamos como información para los
procesos siguientes. Esto es lo que quiero significar con la expresión
"sensor de problemas".
El
error es un indicador o sensor de procesos que no han funcionado como
esperábamos, de problemas no resueltos satisfactoriamente, de aprendizajes no
alcanzados, de estrategias cognitivas inadecuadas. Y sabiendo esto, podemos
intervenir didácticamente para mejorar posteriores situaciones.
Para
Bachelard, el error es un "paso
obligado" del conocimiento, puesto que el saber no viene dado sino que se construye,
y esta construcción se nutre de observaciones, primeras evidencias,
presunciones, hábitos, que sirven de apoyo u obstáculo epistemológico en la
construcción del saber.
Por
su parte A. Martinand (1981) afirma
que el error no es un defecto del pensamiento, sino el testigo inevitable de un
proceso de búsqueda. Se aprende no sólo "a pesar de", sino
"con" y "gracias a" los errores.
Tanto
A. Giordan (1985) como J. Reason (1987) y J. Leplat (1989) remarcan el carácter
procesual y dimensión diagnostica del error. Un error, escribe Jacques Leplat,
se asocia frecuentemente a resultados negativos. Se pone de manifiesto a través
de las realizaciones; pero también puede ser considerado bajo un punto de vista
positivo, al mirar al interior del proceso y analizar cómo se produjo. De este
modo, el error puede ayudar a esclarecer ciertos mecanismos de conocimiento y
recíprocamente estos facilitan la interpretación del error.
Un error proporciona una preciosa información
a la persona que lo comete y al docente o analista, resulta útil para
decodificar el proceso seguido y permite conocer algo más sobre el modo en que
se produjo. Podríamos hablar de "un buen error" si permite mejorar la
realización de otras tareas.
Para
que se dé aprendizaje significativo no basta la interacción social, ni el
conflicto sociocognitivo, sino que se ha de tener en cuenta el nivel diferencial
entre los conocimientos, habilidades o actitudes de que parte el sujeto y los
que deseamos que tenga. En tal sentido, participamos de la idea de Ausubel al
tomar como punto de partida del aprendizaje escolar los conocimientos previos,
llegando a afirmar dicho autor: "Si yo tuviera que reducir toda la
psicología educativa a un sólo principio, formularia este: averígüese la que el
alumna sabe y enséñese en consecuencia." En el D. C. B. se habla de romper
el equilibrio inicial de los esquemas de conocimiento. Así, pues, las tareas de
aprendizaje debieran presentar un desequilibrio o desajuste óptimo.

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