martes, 22 de septiembre de 2015



CUENTO


LA DIGNIDAD Y LOS DERECHOS

En el primer día de clase, el profesor de “Introducción al Derecho” entró al aula y lo primero que hizo fue pedir el nombre de un estudiante que estaba sentado en la primera fila:

¿Cuál es su nombre?
Mi nombre es Nelson, Señor.
¡Fuera de mi clase y no vuelva nunca más! – Gritó el maestro desagradable.
Nelson estaba desconcertado. Cuando volvió en sí, se levantó rápidamente recogió sus cosas y salió de la habitación.
Todo el mundo estaba asustado e indignado, pero nadie habló.
¡Muy bien! – Vamos a empezar, dijo el profesor.
¿Para qué sirven las leyes? preguntó el maestro – los estudiantes seguían asustados, pero poco a poco empezaron a responder a su pregunta:
Para tener un orden en nuestra sociedad.
¡No! – Respondió el profesor.
Para cumplirlas.
¡No!
Para que las personas equivocadas paguen por sus acciones.
¡No!
¿Alguien sabe la respuesta a esta pregunta!
Para que se haga justicia – una muchacha habló con timidez.
¡Por fin! Es decir, por la justicia.
Y ahora, ¿qué es la justicia?
Todos empezaron a molestarse por la actitud tan vil del profesor.
Sin embargo, continuaron respondiendo:
A fin de salvaguardar los derechos
humanos …
Bien, ¿qué mas ? – preguntó el maestro.
Para diferenciar el bien del mal, para recompensar a aquellos que hacen el bien …
Ok, no está mal, pero respondan a esta pregunta:
“¿Actué correctamente al expulsar a Nelson del aula?”
Todos estaban en silencio, nadie respondió.
Quiero una respuesta por unanimidad!
¡No! – Todos contestaron con una sola voz.
Se podría decir que he cometido una injusticia?
¡Sí!
¿Y por qué nadie hizo nada al respecto? Para que queremos leyes y reglas, si no tenemos la voluntad necesaria para practicarlas? Cada uno de ustedes tiene la obligación de hablar cuando es testigo de una injusticia. Todo . ¡No vuelvan a estar en silencio, nunca más! Vayan a buscar a Nelson – dijo. Después de todo, él es el maestro, yo soy un estudiante de otro período.
Aprendan que cuando no defendemos nuestros derechos, se pierde la dignidad y la dignidad no puede ser negociada.









jueves, 10 de septiembre de 2015

Aprender o desaprender, ¿Por dónde comienzo?

Miguel A. Terán

Sin duda que para desaprender debimos previamente aprender. En innumerables oportunidades aprender algo nuevo requiere o exige desaprender otro algo, que puede impedir el paso y cabida de un nuevo aprendizaje, especialmente cuando ese nuevo aprendizaje va en contravía con lo previamente aprendido. 
Aprendemos tantas cosas en nuestra vida, muchas de las cuales pierden vigencia en el tiempo, pero inexplicablemente permanecen aún en nosotros, entorpeciendo la llegada de nuevos aprendizajes a nuestra vida. Refería el cantautor, escritor y filósofo argentino Facundo Cabral, la importancia de “una escuela para desaprender, para sacarte de encima todas las tonterías que te enseñaron". 
Si bien es cierto que muchos aprendizajes permanecen vigentes en el tiempo, especialmente aquellos basados en principios y valores, también es cierto que muchos otros -útiles en su momento-, requieren ser cuestionados antes de continuar utilizándolos en un mundo lleno de cambios. 
Es necesario desaprender las creencias limitantes, los paradigmas y todo aquello que obstaculiza nuestra amplitud para adquirir nuevos aprendizajes, frenando nuestro cambio y progreso. Son numerosas las personas, grupos, empresas, familias y sociedades,  prisioneras de costumbres, hábitos y estancadas en su zona de confort, quienes usualmente utilizan la horrible expresión “Siempre se ha hecho así”, la cual representa –literalmente- una “tranca mental y verbal” que nos impide explorar nuevas rutas y opciones de aprendizaje. 
La necesidad de adquirir un nuevo aprendizaje, en muchas oportunidades debe combinarse con la necesidad de desaprender lo que en algún momento aprendimos. Algunas personas utilizan el término “reaprender” entendido tal vez como la acción de aprender algo olvidado o aprender algo sobre lo antes aprendido,  pero la realidad es que palabra “reaprender” no existe en nuestro idioma. 
Es vital considerar la acción de desaprender cuando parece necesario u oportuno cuestionarnos o replantearnos algo, para poder verlo desde una perspectiva diferente a la que hasta el momento era nuestra única verdad. Ese cambio permitirá ampliar nuestra mente, dando cabida a nuevas ideas, procesos, perspectivas y retos,  inclusive –considerando- aquellas en las cuales teníamos una opinión previa desfavorable.   
El psicólogo, matemático y escritor estadounidense Larry Niven afirma que “La mitad de la sabiduría es aprender a desaprender lo que se sabe”. Mientras que el escritor, economista, político y divulgador científico español Eduardo Punset, en el mismo orden de ideas,  refiere que “Desaprender la mayor parte de las cosas que nos han enseñado es más importante que aprender”. 
En un mundo lleno de opciones de aprendizaje, muchas personas  son poco comprometidas con aprender, pero –sin duda- son muchas más aquellas que no han considerado la necesidad de desaprender. Aprendemos hasta sin querer, simplemente copiando patrones, observando conductas o asumiendo creencias, mientras que desaprender parece un proceso más relacionado con la toma de conciencia.   
“Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender”, plantea el escritor y futurólogo estadounidense Alvin Toffler. Parece que el reto que tenemos, desde ya, es aprender y cuestionar siempre lo aprendido, brindando continuas oportunidades a nuevas experiencias y conocimientos, que sometidas a procesos de reflexión nos llevarán a nuevos aprendizajes.  

Martes 09 de Septiembre 2015.